miércoles, 9 de febrero de 2011


Saskia era una adolescente enamorada que un día se hartó de pensar en un chico que no la correspondía, y para forzarse a olvidarle, cada vez que se le venía a la cabeza, se daba un pellizco.

Así, tiempo transcurrido, los pellizcos se hicieron herida, incluso se quitó trozos de piel.
Llegó un momento que quedaba tan poca Saskia, que su madre la confundió con el pescado de la cena, y la sirvió para la familia.

Existía el pez imán, el último que quedaba. Y os voy a contar como murió.

El pez imán tenía los dos polos en la boca, uno arriba y uno abajo. Fue una alteración genética de la especie. Y como dichos polos se atraían, nunca podían abrir la boca para comer.
De eso morían siempre, de hambre.

Pero el último pez imán se volvió loco de no comer, y se le giró la cabeza. Se le giró la cabeza hasta tal punto donde el polo de arriba también se giró, con la mitad de su cara, y la boca ya se le quedó abierta para siempre, porque esos polos al ser iguales, se repelían siempre.
Al último pez imán no paraba de entrarle comida por la boca, hasta que un día explotó de gordo.
Y así murió el pez, opuestamente diferente a todos los otros peces imanes.