
Saskia era una adolescente enamorada que un día se hartó de pensar en un chico que no la correspondía, y para forzarse a olvidarle, cada vez que se le venía a la cabeza, se daba un pellizco.
Así, tiempo transcurrido, los pellizcos se hicieron herida, incluso se quitó trozos de piel.
Llegó un momento que quedaba tan poca Saskia, que su madre la confundió con el pescado de la cena, y la sirvió para la familia.
