domingo, 5 de enero de 2014

El último juego (II)

Con los días el pequeño templo se convirtió en su escondite ultrasecreto, su lugar privado de reflexiones y juegos. Cualquier cosa se convertía en divertida sólo pro el simple hecho de estar haciéndola ahí dentro, aunque fuese un típico recuento de hojas curiosas, una acumulación de peces cazados en el río... Lo de siempre.

 En uno de esos juegos, llegaron demasiado lejos, y entre empujones al final de la pasarela, Teotl cayó a ese agua hechizada. Como os podéis imaginar, Teotl desapareció en un segundo, igual que la rata, pero esta vez, el humo turquesa en el que se convirtió el cuerpo, no desapareció, sino que fue con una dirección firme hacia un lado de la pared, la cual atravesó y en otro rápido segundo, apareció una imagen nueva en la pared. Teotl, su espíritu, o lo que quedara de él, estaba atrapado en la pared, quien sabe si para siempre. Yuma tardó unos segundos en reaccionar, todo  había pasado demasiado rápido y en ningún momento él había querido llegar más lejos que de asustarle un poco.
En seguida pensó en ir a por piedras y tirarlas hacia la nueva imagen; de ir a la ciudad y contárselo a todos; o de sólo contárselo a alguien poderoso, un chaman quizá... Un chaman, Yalitza ¡Su madre! Era un buen y mal plan a la vez, quizá ella tendría la solución a este desastre pero ¿Cómo decirle que tenía que salvar a su propio hijo y que era culpa de Yuma?

Pronto se arreglaron sus dudas. Aún cuando el pequeño seguía mirando la imagen para pensar qué hacer, detrás de él se empezó a formar mediante ese conocido ya, humo turquesa, una forma reconocible: Yalitza. La poderosa chamana se acababa de materializar dentro del templo, lo que significaba que conocía ese lugar, y que sabía perfectamente todo lo que estaba pasando. La formación de Yalitza no tardó en terminar, y gracias a la luz del agua, su poder se reflejaba en todas sus brillantes plumas, sus joyas pesadas, su maquillaje enigmático. Su mirada era hiriente, su mandíbula forzada, sus puños apretados, casi sangrando de la fuerza de sus duras uñas clavándose en las palmas de las manos.

Yuma sólo quería explicarse, pero el miedo no le dejaba, y para qué, si la cara de Yalitza lo decía todo. Yuma esperaba su castigo, seguramente le arrojaría directamente al agua, o quizá desmembrado y por partes, pero desde luego, era su final. Un juego de críos había llegado demasiado lejos para una madre.


- ¿Qué hacíais aquí? - Dijo Yalizta, con un tono de destrucción
- Jugar, madre de Teotl. Hemos cuidado muy bien del templo - Yalitza se crispó al oír el nombre de su hijo
- ¿Eso quieres? ¿Cuidar del templo? Espléndido. - Fue una de las últimas cosas que dijo

Yalitza puso los ojos en blanco, también se volvieron turquesa, la chamana estaba irrigada de poder, todo un halo de humo la perfilaba. Con los brazos abiertos, la barbilla alzada, señaló una piedra del suelo, con un dibujo en concreto.
Yuma fue hacia donde la desolada madre le indicaba. Una vez posicionado en la piedra, ésta se iluminó de nuevo, en un color turquesa. el dibujo cobró sentido con la iluminación, era una puerta. Acto seguido se iluminó la siguiente piedra, Yalitza seguía en la misma posición, así que Yuma sintió que debía seguir las piedras que se iban iluminando con su avance. Cada una tenía un dibujo distinto, el poder de la habitación iba aumentando, se notaba un aire fuerte de impaciencia. Doce piedras más tarde, Yuma simplemente se desplomó en el suelo, quedando en posición fetal. Poco a poco comenzó a desintegrarse y transformarse en el conocido humo turquesa y permanecer en la pared para siempre. Sin embargo, su corazón nunca dejaría de latir, a diferencia de su amigo Teotl. Este era el castigo que Yalitza impuso al pequeño, cuidar siempre del templo, acompañar siempre a su hijo perdido y a todas las historias que ahora tendría tiempo de conocer dentro de la pirámide.

Yalitza salió del templo, dibujó una especie de círculo a modo de despedida, e hizo revelar la tapadera del verdadero significado del templo. Ahora sí era posible ver todas las tumbas, sus sacrificios y ofrendas adjuntos. La desaparición de Yuma y Teotl escapó a la responsabilidad de Yalitza.




El último juego (I)

Teotl era el hijo primogénito de Yalitza, una chamana muy importante de Tlacopan. 

En la época del imperio azteca, los primogénitos tenían un gran valor, adecuados a su nombre, solían pensar. Por eso, Yelitza, la puerta del cielo, puso a su hijo Teotl, cuyo significado representaba una gran fuerza, un principio de energía, que siempre permanece en el universo. Esa era la idea que tenía esta poderosa chamana sobre su hijo.

Teotl, dentro de la guardia baja de la sobreprotección de su madre, salía a jugar como cualquier otro pequeño que aún no está listo para sus obligaciones adultas, con un amigo igualmente intranquilo, Yuma. 

Yuma significa el hijo del jefe, y esto es lo que él era. Pertenecía a una familia de poderosos transaccionistas, de vendedores de esclavos, joyas falsas bien adornadas, pinturas naturales para adornar las pieles de las mujeres más ricas, amuletos bien cargados de energía mística... ya me entendéis. Además, Tlacopan era una ciudad perfecta para la proliferación de un negocio así, por tanto Yuma tenía su futuro más que cuidado, o así pensaban todos tranquilamente cada día. 


En uno de esos juegos de niños que Yuma y Teotl solían hacer, de correr; de huir de las piedras que se tiraban entre ellos; de investigar sitios sagrados, malditos, protegidos... Llegaron a la pirámide de los nichos: Una gran estructura con un templo superior para las ofrendas. Pero, lo que nadie sabía, es que a la altura del suelo, al rascar el estuco, aparecía un resquicio minúsculo por el que sólo cabían como mucho, ratas gordas.
Teotl, como siempre curioso, se aventuró a mirar, y en el interior de la pirámide, no vio nichos, ni abalorios ni provisiones para el largo viaje de los difuntos, ni si quiera los sacrificios que se hicieron con su muerte. Nada de eso estaba ahí. Dentro de la pirámide se escondía una gran habitación de paredes doradas llenas de historias contadas a símbolos, imágenes espeluznantes de lo que ahí había acontecido. En el suelo, no había más que una fina pasarela con la misma continuación de los dibujos ¿Qué historias contarán estas piedras? pensaban los niños. Alrededor de esa pasarela, que no tendría más de diez metros, sólo había agua. Agua poco profunda, muy limpia, de color turquesa. 

Os podéis imaginar que no tardaron más que esperar al día siguiente para volver con algunas herramientas robadas al padre de Yuma para poder abrir ese pequeño agujero y entrar a jugar ahí dentro, a investigar esas figuras de la sala, a descubrir qué explicaban.

Una vez dentro, Teotl y Yuma no podían abrir más los ojos, el agua del suelo brillaba y la piedra parecía dorada gracias a ese suelo encantador, iluminaba toda la sala, sin duda era agua con algún poder. Pudieron ver en ese agua poco profunda, que las escrituras continuaban por debajo de ese líquido turquesa. Toda la sala estaba llena de inscripciones con algún significado oculto. ¿Qué podría ser todo aquello? ¿Porqué no lo conocían antes? ¿Estaría mal estar ahí dentro? No cabe duda alguna.

Caminaron hasta el final de la pasarela para apreciar todos los dibujos de más cerca: Eran increíbles, sobretodo para dos niños pequeños tan interesados e impertinentes. Estaban convencidos a averiguar qué pasaba ahí dentro y qué escondían esas paredes. 
Lo primero que se les ocurrió fue tirar piedras a ese remanso, pero no ocurrió nada. Lo siguiente fue cazar una rata, lo cual les llevó bastante tiempo (son más rápidas y resbaladizas de lo que parecen) para tirarla igual que las piedras. No os asustéis, las ratas de toda la vida han sabido nadar. Para dejar a los chicos aún más sorprendidos, aún con más cara de pasmo, cuando tiraron la rata al agua algo ocurrió, lo que es, definitivamente, la piedra angular de esta historia: 

        La rata se desintegró al tocar el agua de la charca, salió una especie de humo turquesa y no quedó ni rastro del pequeño y sucio animal. ¿Qué acababan de ver? ¿Agua embrujada? ¿Dónde estaba la rata? 


...De cualquier manera se hacía tarde, así que tuvieron que volver a casa para no levantar sospechas de su gran descubrimiento.



miércoles, 21 de agosto de 2013


     Han sido muchos años de traqueteo persiguiendo un sueño, incluso en los momentos de flaqueza, incluso en los más duros, mi pertinaz decisión desbancaba cualquier dificultad y me hacía seguir. 
He llegado a unos niveles de confusión y estrés que me han puesto al límite, sinceramente. Recuerdo un día en pleno Moscow, después de trabajar 14 horas, que intenté llegar a la habitación del hotel, la 410, pero al introducir la tarjeta la puerta no se me abría y yo pensando ¿Justo ahora? No tenia ningunas ganas de puertas bloqueadas que me hicieran bajar a recepción y que un somnoliento ruso con un dudoso español hiciese de mala gana, lo que al fin y al cabo es, su trabajo. La cuestión es que insinstiendo con la dichosísima tarjeta, la puerta se separó de la pared y de dentro de la 410, que era la habitación de mi anterior hotel, salió un altísimo vikingo reencarnado con pinta de broker y ojos rojizos ahogados en vodka. Para cuando me quise dar cuenta eran las 6 de la mañana y yo no estaba ni en mi cama, ni tenía mi ropa, seguramente llegué tarde a trabajar. Por si os lo preguntáis, sí, estaba casado.

         Ahora que mi viaje ha terminado, la verdad es que me encanta bajar a comprar el pan, entrar por la puerta de siempre, subir las escaleras de siempre, encontrarme la misma puerta y dormir en la misma cama. Lo que más me gusta ahora mismo, es coger cualquier vestido, unas sandalias sin tacón, lo justo de rimmel, arreglarme el pelo en el espejo de la entrada de cualquier manera, coger mis llaves y salir a comprar el pan...


...y no me gustaría tanto, sino hubiera vivido todo lo contrario.

lunes, 15 de abril de 2013

Cris y Candy

Siempre habíamos sido amigas, hasta que apareció en su vida ese chico tan raro: Serio, tímido, algo borde y con unas ojeras importantes, pero con un inquietante buen fondo que le asomaba por detrás de la oreja. Tengo que decir que esta última conclusión la saco de sus preciosos ojos verdes, de los cuales manifiesto mi irrevocable debilidad.

En fin, la cosa es que Candy empezó a salir con ese chico poco después de que él cortara con su antigua novia, decía que ella le estaba ayudando a superarlo. Un clavo, vamos. Cuando le conocí un poco más, o sea, cuando llegó la hora de agregarle a Facebook, vi que sólo tenía cuatro fotos: Tres suyas bastante malas, y una cuarta de una chica rubia. Su ex, supongo. Pensé que no había borrado la foto porque era obvio que no se conectaba mucho. La chica tampoco me sonaba del pueblo, así que entré en su Facebook de rebote. No había nada nuevo desde hace dos meses ¿Como puedes tener una red social y no usarla? ¿En qué lugar te deja eso? porque ni eres un adicto a internet, ni eres de los supervivientes que aún viven en la caverna. Bueno, vi su ultima foto, bastante grotesca por cierto, estamos hablando de una foto suya con un letrero de Paint mal puesto que anunciaba su desaparición. Nadie sabía donde estaba, simplemente algo la había borrado de la Tierra. Yo, que siempre he sido un poco paranoiquita, en seguida pensé que había sido el cabrón ojosverdes del novio de Candy. Algo había hecho con esta chica, y ahora iría a por mi amiga.

...

Hablé con ella y no hacía más que reirse. La verdad es que pensaba que me llamaría desequilibrada o, loca por lo menos, pero precisamente parecía muy cómoda hablando de ello. La verdad es que han pasado dos semanas desde mi ocurrencia y está todo bien, a mi amiga no le ha pasado nada, sólo que ellos han terminado por romper. Candy dice que ha vuelto con su ex, que resulta que se había ido del país para empezar una vida juntos.  ¿Pero estamos locos o qué? Ni que viviéramos en un puto cuento. Yo, más Watson que nunca, me fui a casa de Candy para pedirle explicaciones, y ahí es cuando me llevé la ostia de mi vida: Candy estaba dormida en el sofá con (Si te lo preguntas, sí, tengo llaves de su casa, igual que ella de la mía), con un cubata de granadina o algo así y al lado dos cabezas perfectamente decapitadas, la de su ex y la de la ex de éste. Casi me desmayo allí mismo, suerte que no, o seguro que hubiera terminado por hacerles compañía.
Bueno, no se qué cojones hago aquí pero me largo, dije.

— Hola Cris, ¿Quieres tomar algo? — Tía no se que mierda es esto pero estas muy rayada, me voy — Espera Cris, no están muertos, boba. Quédate un poco.

¿Pero estamos locos o qué?

...



Y allí se quedó, sentada en su sofá, bebiendo de su cubata de granadina y vodka blanco de marca barata en una copa de cristal malucho en plan martini, eso sí, con un par de dientes dentro de la copa para darle ese toque especial que ella andaba buscando.

En un primer momento no vi lo de los dientes, pero desde que estoy al lado de su sofá, veo como cada día me los va quitando.

lunes, 27 de agosto de 2012

Hasta donde os dejen

Es la última anotación que dejo escondida antes de irme. A quien la encuentre, le pido por este folio que nos une, que huya, todo lo lejos que usted pueda, hacia el bosque más oscuro que conozca, hacia la isla más perdida en el mar. El porqué es conocido por todos, pero no sabe usted hasta donde: La nueva policía debe sumisión ahora, al sistema de gobierno guiado por la medicina. Las farmaceuticas han ido un paso más adelante, ya no se ocultan. Está apunto de conocerse todo lo que controlan, y todo lo que van a controlar a partir del año que entra. Una de las cosas más importantes por las que usted debe huir, es por el nuevo sistema de multas tras haber cometido un delito, donde se ha suprimido la penalización económica, y en su lugar se ha impuesto la obligación de inyectar enfermedades infecciosas en la sangre. Si usted se fija, en sus zapatos habrá dos agujeros por la altura de los talones, es ahí donde van a introducir las agujas que lentamente le envenenarán en función de su infracción legal. Como se puede imaginar esto nos pone a la altura de ratas de laboratorio a todos los ciudadanos, y más que queda por venir. Huya y aléjese de todo veneno...K.R.F., 2034.

domingo, 26 de agosto de 2012

Capítulo 1/2

En aquella época, en la que todas las empresas empezaron a quebrar, hasta el hospital Tudelar, de Oregón, en honor a un gran investigador del siglo pasado, tuvo problemas que no pudo afrontar. Todo el equipo responsable se vio obligado a vender los derechos a un par de socios extranjeros, de porte caucásico ejemplar...

Durante las reformas del hospital, para crear una mejor vitualla, nació como consecuencia un pequeño vertedero a unos metros por detrás del hospital. Era un lugar bastante bueno para acumular basura, pensaron que el gran bosque de eucaliptos escondería todos aquellos restos oxidados. Y lo cierto es que así fue exactamente, por años el hospital funcionó, y todas esas camas que dejaban de servir, con todos aquellos aparatos que se rompían, iban a parar al mismo lugar.  
Las malas voces solían a decir que en aquél vertedero se acumulaban más que materiales inservibles, y quizá más adelante en la lectura, te des cuenta de que es así.

Paralelamente, cuando aquella nueva intervención de reforma se quedó atrás en el tiempo, y cuando el nuevo hospital Tudelar ya tenía un notorio respeto, el Sr. Mounds tomó la determinación de viajar al otro lado del estado para atender la salud de su hijo, enfermedad que en Virginia fue demasiado poderosa y consiguió llevarse a su mujer. Jonah tenía algún mal gástrico que poco a poco se lo estaba llevando, y que de momento ninguna planta, alimento o fármaco había podido resolver. Incluso con la madre de Jonah, Adny, intentaron el trasplante, lo que terminó por llevársela.
Farnell Mounds atribuyó esta enfermedad a la comida "fresca" del mercado, él siempre decía que mujeres tan sucias y faltonas no podían vender buena comida, y que alguna de esas piezas debió enfermar a Adny durante su embarazo...

Durante la estacia de Jonah y el Sr Mounds en el hospital, permanecían juntos y jugando todo el tiempo posible, para que ningún ánimo decayera, y estar así preparados para las noticias que pudiesen venir. Pero Jonah era joven, y con su edad, cualquier niño quiere irse a atar ranas de una pierna, pelarse las rodillas en el suelo, o espiar a las niñas para reírse después. En cambio él debía estar siempre en cama. Todo un desperdicio según su parecer.
Un día por la ventana, mientras el Sr. Mounds había ido a desayunar y a seguir gestionando sus negocios por teléfono, Jonah vio a otro niño, pero caminando por el bosque, cosa que no era muy normal, ni por el frío, ni por andar sólo por el Tudelar. Su descripción bien podría acabarse muy rápido, porque Farnell siempre los había llamado de la misma manera: Menesterosos. Pertenecía a esa parte de la sociedad donde abundaba la exigüidad, siempre vestían en retales, y se bañaban una vez al mes.
En ese momento a Jonah no le importó que fuera un menesteroso, sólo pensó que tenía una oportunidad de salir a jugar con aquel niño tan marrón. Empezó a hacerle señas y a tirarle voces para llamar su atención. La cara de aquél niño mostró sorpresa, pero una especie de sorpresa negativa y desconcertada. Jonah se enfadó, porque encima de que se había dignado en decirle algo, él ni si quiera le había respondido.

Cuando su padre volvió, aparecieron noticias nuevas sobre la salud de Jonah, era cierto que se encontraba ligeramente mejor, pero según el doctor, aquello indicaba que la enfermedad ya no eran agentes malignos dañando el sistema digestivo, sino que todas ellas se habían centrado en el colon. Esto se traducía en la única solución de hacer un trasplante. La idea de que Adny hubiese muerto así perseguía a la familia Mounds, así que pidieron un día de tiempo para tomar una decisión al respecto: Al medio día de mañana los médicos debían saber si Jonah iba a ser operado, con los riesgos que impone una intervención de este peso.

Esa misma tarde Farnell salió en calidad de paisano a consultar con un símbolo de fé. En ningún momento de su vida le había guiado un sentimiento cristiano, ni para el inicio de su negocio, ni para los dos embarazos de Adny, pero todo el mundo tenemos ese punto en casos extremos como este.

Durante su marcha, Jonah volvía a mirar las paredes amarillo natilla, que por cierto no le gustaban nada, ninguna de las dos cosas. Esa situación era desesperante, se sabía de memoria todas las manchas y hendiduras de esa pared. Y que le quite la razón sólo quien pueda quedarse mirando cinco minutos a la pared, sin moverse.
Pero algo golpeó el cristal, dos salientes de madera negra, y bastante inestable. Jonah se incorporó, pero sin llamar a ninguna matrona. Era el menesteroso marrón que había aparecido y desaparecido esta mañana.
Levantó sin problema la ventana y dijo:

- Hola, soy Loran
+ Hola, Jonah...
- ¿Porqué estás aquí? Te he visto muchos días, y la gente de Tudelar siempre se va pronto, o bien por un sitio, o por el otro.
+ Porque me duele la barriga, pero me van a operar mañana. ¿Por qué sitios se va la gente?
- ¿No eres muy listo, no? O se van a sus casas, o se van por la parte de detrás, al muladar.
+ Pues yo me voy a ir pronto a mi casa, mi nana y mi hermana Udayle me están esperando para jugar.
- No tienes muy buena cara, seguro que estas mucho rato aquí.
+ Pues tu tampoco pareces muy sano, estás marrón. ¿Es que no te lavas?
- Ja! Yo siempre soy marrón, es el color de mi piel.
+ ¿Y porqué estas tú aquí, marrón?
- Yo y mi hermano somos los dueños del vertedero ahora que mi padre se ha oxidado del todo.
+ Tú si que eres tonto ¡La gente no se oxida, se muere!
- Es que nosotros no somos gente, somos los que cuidamos del muladar. Nacimos allí.
+ ¿Cómo que no sois gente? ¿Y qué le pasó a tu padre?
- Somos chatarra, oxidada, por eso vivimos allí y nos encargamos de que nadie se lleve esas piezas. Y mi padre... Bueno, no a todo el mundo le parece bien que estemos en el muladar.
+ Seguro que mi padre es una de esas personas, no le gusta ningún tipo de menesteroso.
- Ya, bueno... Oye, te gustaría venir a jugar fuera?
+ No puedo, tengo que prepararme para la operación, y si al final sale todo bien tendré que estar aquí quieto mucho tiempo...
- Mmm... Pues puedo venir yo, mi hermano cuidará del muladar por mí.
+ Vale, ¿Tienes juguetes?
- ¡Sí! ¡Claro! Tengo montañas. Cuando estés mejor te traeré.

En ese momento tan ameno apareció el Sr. Mounds, que, como uno se puede imaginar, montó un cirio como una catedral por aquella situación ¡Un menesteroso en la habitación de Jonah!... Le tiró tantas piedras como su vista supo acertar, pobre Loran. Jonah pensó que nunca iba a volver después de aquello, incluso desafió con una mirada a su padre, quien le supo devolver con su dedo índice en alto, una señal de advertencia que debía obedecer por su integridad.

viernes, 12 de agosto de 2011


El chupacabra sólo se puede ver en movimiento,
pero si lo ves correr,
se habrá acabado tu tiempo.