lunes, 27 de agosto de 2012
Hasta donde os dejen
Es la última anotación que dejo escondida antes de irme. A quien la encuentre, le pido por este folio que nos une, que huya, todo lo lejos que usted pueda, hacia el bosque más oscuro que conozca, hacia la isla más perdida en el mar. El porqué es conocido por todos, pero no sabe usted hasta donde: La nueva policía debe sumisión ahora, al sistema de gobierno guiado por la medicina. Las farmaceuticas han ido un paso más adelante, ya no se ocultan. Está apunto de conocerse todo lo que controlan, y todo lo que van a controlar a partir del año que entra. Una de las cosas más importantes por las que usted debe huir, es por el nuevo sistema de multas tras haber cometido un delito, donde se ha suprimido la penalización económica, y en su lugar se ha impuesto la obligación de inyectar enfermedades infecciosas en la sangre. Si usted se fija, en sus zapatos habrá dos agujeros por la altura de los talones, es ahí donde van a introducir las agujas que lentamente le envenenarán en función de su infracción legal. Como se puede imaginar esto nos pone a la altura de ratas de laboratorio a todos los ciudadanos, y más que queda por venir. Huya y aléjese de todo veneno...K.R.F., 2034.
domingo, 26 de agosto de 2012
Capítulo 1/2
En aquella época, en la que todas las empresas empezaron a quebrar, hasta el hospital Tudelar, de Oregón, en honor a un gran investigador del siglo pasado, tuvo problemas que no pudo afrontar. Todo el equipo responsable se vio obligado a vender los derechos a un par de socios extranjeros, de porte caucásico ejemplar...
Durante las reformas del hospital, para crear una mejor vitualla, nació como consecuencia un pequeño vertedero a unos metros por detrás del hospital. Era un lugar bastante bueno para acumular basura, pensaron que el gran bosque de eucaliptos escondería todos aquellos restos oxidados. Y lo cierto es que así fue exactamente, por años el hospital funcionó, y todas esas camas que dejaban de servir, con todos aquellos aparatos que se rompían, iban a parar al mismo lugar.
Las malas voces solían a decir que en aquél vertedero se acumulaban más que materiales inservibles, y quizá más adelante en la lectura, te des cuenta de que es así.
Paralelamente, cuando aquella nueva intervención de reforma se quedó atrás en el tiempo, y cuando el nuevo hospital Tudelar ya tenía un notorio respeto, el Sr. Mounds tomó la determinación de viajar al otro lado del estado para atender la salud de su hijo, enfermedad que en Virginia fue demasiado poderosa y consiguió llevarse a su mujer. Jonah tenía algún mal gástrico que poco a poco se lo estaba llevando, y que de momento ninguna planta, alimento o fármaco había podido resolver. Incluso con la madre de Jonah, Adny, intentaron el trasplante, lo que terminó por llevársela.
Farnell Mounds atribuyó esta enfermedad a la comida "fresca" del mercado, él siempre decía que mujeres tan sucias y faltonas no podían vender buena comida, y que alguna de esas piezas debió enfermar a Adny durante su embarazo...
Durante la estacia de Jonah y el Sr Mounds en el hospital, permanecían juntos y jugando todo el tiempo posible, para que ningún ánimo decayera, y estar así preparados para las noticias que pudiesen venir. Pero Jonah era joven, y con su edad, cualquier niño quiere irse a atar ranas de una pierna, pelarse las rodillas en el suelo, o espiar a las niñas para reírse después. En cambio él debía estar siempre en cama. Todo un desperdicio según su parecer.
Un día por la ventana, mientras el Sr. Mounds había ido a desayunar y a seguir gestionando sus negocios por teléfono, Jonah vio a otro niño, pero caminando por el bosque, cosa que no era muy normal, ni por el frío, ni por andar sólo por el Tudelar. Su descripción bien podría acabarse muy rápido, porque Farnell siempre los había llamado de la misma manera: Menesterosos. Pertenecía a esa parte de la sociedad donde abundaba la exigüidad, siempre vestían en retales, y se bañaban una vez al mes.
En ese momento a Jonah no le importó que fuera un menesteroso, sólo pensó que tenía una oportunidad de salir a jugar con aquel niño tan marrón. Empezó a hacerle señas y a tirarle voces para llamar su atención. La cara de aquél niño mostró sorpresa, pero una especie de sorpresa negativa y desconcertada. Jonah se enfadó, porque encima de que se había dignado en decirle algo, él ni si quiera le había respondido.
Cuando su padre volvió, aparecieron noticias nuevas sobre la salud de Jonah, era cierto que se encontraba ligeramente mejor, pero según el doctor, aquello indicaba que la enfermedad ya no eran agentes malignos dañando el sistema digestivo, sino que todas ellas se habían centrado en el colon. Esto se traducía en la única solución de hacer un trasplante. La idea de que Adny hubiese muerto así perseguía a la familia Mounds, así que pidieron un día de tiempo para tomar una decisión al respecto: Al medio día de mañana los médicos debían saber si Jonah iba a ser operado, con los riesgos que impone una intervención de este peso.
Esa misma tarde Farnell salió en calidad de paisano a consultar con un símbolo de fé. En ningún momento de su vida le había guiado un sentimiento cristiano, ni para el inicio de su negocio, ni para los dos embarazos de Adny, pero todo el mundo tenemos ese punto en casos extremos como este.
Durante su marcha, Jonah volvía a mirar las paredes amarillo natilla, que por cierto no le gustaban nada, ninguna de las dos cosas. Esa situación era desesperante, se sabía de memoria todas las manchas y hendiduras de esa pared. Y que le quite la razón sólo quien pueda quedarse mirando cinco minutos a la pared, sin moverse.
Pero algo golpeó el cristal, dos salientes de madera negra, y bastante inestable. Jonah se incorporó, pero sin llamar a ninguna matrona. Era el menesteroso marrón que había aparecido y desaparecido esta mañana.
Levantó sin problema la ventana y dijo:
- Hola, soy Loran
+ Hola, Jonah...
- ¿Porqué estás aquí? Te he visto muchos días, y la gente de Tudelar siempre se va pronto, o bien por un sitio, o por el otro.
+ Porque me duele la barriga, pero me van a operar mañana. ¿Por qué sitios se va la gente?
- ¿No eres muy listo, no? O se van a sus casas, o se van por la parte de detrás, al muladar.
+ Pues yo me voy a ir pronto a mi casa, mi nana y mi hermana Udayle me están esperando para jugar.
- No tienes muy buena cara, seguro que estas mucho rato aquí.
+ Pues tu tampoco pareces muy sano, estás marrón. ¿Es que no te lavas?
- Ja! Yo siempre soy marrón, es el color de mi piel.
+ ¿Y porqué estas tú aquí, marrón?
- Yo y mi hermano somos los dueños del vertedero ahora que mi padre se ha oxidado del todo.
+ Tú si que eres tonto ¡La gente no se oxida, se muere!
- Es que nosotros no somos gente, somos los que cuidamos del muladar. Nacimos allí.
+ ¿Cómo que no sois gente? ¿Y qué le pasó a tu padre?
- Somos chatarra, oxidada, por eso vivimos allí y nos encargamos de que nadie se lleve esas piezas. Y mi padre... Bueno, no a todo el mundo le parece bien que estemos en el muladar.
+ Seguro que mi padre es una de esas personas, no le gusta ningún tipo de menesteroso.
- Ya, bueno... Oye, te gustaría venir a jugar fuera?
+ No puedo, tengo que prepararme para la operación, y si al final sale todo bien tendré que estar aquí quieto mucho tiempo...
- Mmm... Pues puedo venir yo, mi hermano cuidará del muladar por mí.
+ Vale, ¿Tienes juguetes?
- ¡Sí! ¡Claro! Tengo montañas. Cuando estés mejor te traeré.
En ese momento tan ameno apareció el Sr. Mounds, que, como uno se puede imaginar, montó un cirio como una catedral por aquella situación ¡Un menesteroso en la habitación de Jonah!... Le tiró tantas piedras como su vista supo acertar, pobre Loran. Jonah pensó que nunca iba a volver después de aquello, incluso desafió con una mirada a su padre, quien le supo devolver con su dedo índice en alto, una señal de advertencia que debía obedecer por su integridad.
Durante la estacia de Jonah y el Sr Mounds en el hospital, permanecían juntos y jugando todo el tiempo posible, para que ningún ánimo decayera, y estar así preparados para las noticias que pudiesen venir. Pero Jonah era joven, y con su edad, cualquier niño quiere irse a atar ranas de una pierna, pelarse las rodillas en el suelo, o espiar a las niñas para reírse después. En cambio él debía estar siempre en cama. Todo un desperdicio según su parecer.
Un día por la ventana, mientras el Sr. Mounds había ido a desayunar y a seguir gestionando sus negocios por teléfono, Jonah vio a otro niño, pero caminando por el bosque, cosa que no era muy normal, ni por el frío, ni por andar sólo por el Tudelar. Su descripción bien podría acabarse muy rápido, porque Farnell siempre los había llamado de la misma manera: Menesterosos. Pertenecía a esa parte de la sociedad donde abundaba la exigüidad, siempre vestían en retales, y se bañaban una vez al mes.
En ese momento a Jonah no le importó que fuera un menesteroso, sólo pensó que tenía una oportunidad de salir a jugar con aquel niño tan marrón. Empezó a hacerle señas y a tirarle voces para llamar su atención. La cara de aquél niño mostró sorpresa, pero una especie de sorpresa negativa y desconcertada. Jonah se enfadó, porque encima de que se había dignado en decirle algo, él ni si quiera le había respondido.
Cuando su padre volvió, aparecieron noticias nuevas sobre la salud de Jonah, era cierto que se encontraba ligeramente mejor, pero según el doctor, aquello indicaba que la enfermedad ya no eran agentes malignos dañando el sistema digestivo, sino que todas ellas se habían centrado en el colon. Esto se traducía en la única solución de hacer un trasplante. La idea de que Adny hubiese muerto así perseguía a la familia Mounds, así que pidieron un día de tiempo para tomar una decisión al respecto: Al medio día de mañana los médicos debían saber si Jonah iba a ser operado, con los riesgos que impone una intervención de este peso.
Esa misma tarde Farnell salió en calidad de paisano a consultar con un símbolo de fé. En ningún momento de su vida le había guiado un sentimiento cristiano, ni para el inicio de su negocio, ni para los dos embarazos de Adny, pero todo el mundo tenemos ese punto en casos extremos como este.
Durante su marcha, Jonah volvía a mirar las paredes amarillo natilla, que por cierto no le gustaban nada, ninguna de las dos cosas. Esa situación era desesperante, se sabía de memoria todas las manchas y hendiduras de esa pared. Y que le quite la razón sólo quien pueda quedarse mirando cinco minutos a la pared, sin moverse.
Pero algo golpeó el cristal, dos salientes de madera negra, y bastante inestable. Jonah se incorporó, pero sin llamar a ninguna matrona. Era el menesteroso marrón que había aparecido y desaparecido esta mañana.
Levantó sin problema la ventana y dijo:
- Hola, soy Loran
+ Hola, Jonah...
- ¿Porqué estás aquí? Te he visto muchos días, y la gente de Tudelar siempre se va pronto, o bien por un sitio, o por el otro.
+ Porque me duele la barriga, pero me van a operar mañana. ¿Por qué sitios se va la gente?
- ¿No eres muy listo, no? O se van a sus casas, o se van por la parte de detrás, al muladar.
+ Pues yo me voy a ir pronto a mi casa, mi nana y mi hermana Udayle me están esperando para jugar.
- No tienes muy buena cara, seguro que estas mucho rato aquí.
+ Pues tu tampoco pareces muy sano, estás marrón. ¿Es que no te lavas?
- Ja! Yo siempre soy marrón, es el color de mi piel.
+ ¿Y porqué estas tú aquí, marrón?
- Yo y mi hermano somos los dueños del vertedero ahora que mi padre se ha oxidado del todo.
+ Tú si que eres tonto ¡La gente no se oxida, se muere!
- Es que nosotros no somos gente, somos los que cuidamos del muladar. Nacimos allí.
+ ¿Cómo que no sois gente? ¿Y qué le pasó a tu padre?
- Somos chatarra, oxidada, por eso vivimos allí y nos encargamos de que nadie se lleve esas piezas. Y mi padre... Bueno, no a todo el mundo le parece bien que estemos en el muladar.
+ Seguro que mi padre es una de esas personas, no le gusta ningún tipo de menesteroso.
- Ya, bueno... Oye, te gustaría venir a jugar fuera?
+ No puedo, tengo que prepararme para la operación, y si al final sale todo bien tendré que estar aquí quieto mucho tiempo...
- Mmm... Pues puedo venir yo, mi hermano cuidará del muladar por mí.
+ Vale, ¿Tienes juguetes?
- ¡Sí! ¡Claro! Tengo montañas. Cuando estés mejor te traeré.
En ese momento tan ameno apareció el Sr. Mounds, que, como uno se puede imaginar, montó un cirio como una catedral por aquella situación ¡Un menesteroso en la habitación de Jonah!... Le tiró tantas piedras como su vista supo acertar, pobre Loran. Jonah pensó que nunca iba a volver después de aquello, incluso desafió con una mirada a su padre, quien le supo devolver con su dedo índice en alto, una señal de advertencia que debía obedecer por su integridad.
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