
Sufría amnesia, no recordaba nada de su pasado. Tenía heridas en la espalda, sangre en los ojos, pero ningún recuerdo doloroso...
Intentó hacer su vida normal, todo lo que pudiese aguantar como una pobre del siglo XII sin desposar. No había encontrado a nadie, o sí, pero con el problema de memoria no sabía nada.
Sentía tanta tristeza... No podía avanzar hacia ningún lado, no sabía qué había hecho, no veía posibilidades hacia delante, cada día faltaba más comida o se ponía en peor estado.
Con el tiempo empezó a sentir dolor allá donde tenía las cicatrices, dos líneas verticales que le cruzaban la espalda.
¿Serían de algún animal? ¿Porqué le dolían ahora?...
Reducía el dolor con ungüentos a base de plantas, pero el dolor pronto cambió y además de hacerse más intenso, creó unos bultos en la espalda.. ¿Qué era aquello?
Ya ni si quiera podía salir a la calle, puesto que todos la miraban como una deformidad, como un castigo de Dios por no haberse prometido aún.
No tuvo más remedio que huir, huyo hacia las montañas, para vivir siempre alejada de todo aquello que le ataba al sufrimiento. Esperaba morir de hambre o frío o sino de aquel dolor de espalda, y poder estar tranquila.
No siendo suficiente, un día recogiendo algo de alimento bien alejada del pueblo, se encontró con un galgo. Y no hay galgo sin cazador.
Aquel hombre, tan superior y poderoso se creía que la violó... Y no hizo más que irse a llorar a su refugio
Realmente la tristeza le duró poco, tanta mala suerte debía ser síntoma de que no le quedaba mucho, que pronto ya moriría. En ese momento reflexionó y se enfadó con Dios. ?Porqué tanto castigo para ella? No tenía la culpa de no tener un marido, y tampoco lo quería si iba a ser como aquel cazador.
Pasó el tiempo y no murió, porque aunque aquel dolor en la espalda seguía creciendo en intensidad y tamaño, se iba despertando con más vitalidad cada día, ¿Porqué? Una vida crecía dentro de su vientre. Y allí dentro estaba formándose toda la energía que necesitaba, su piel se volvía más rosa, su frío era menor, el alimento la saciaba en seguida. Y por fin dio a luz...
...Dio a luz una criatura preciosa con unos ojos grises, casi blancos, poco definidos, y en cuanto examinó al bebé, vio en su espalda dos alas pequeñitas, sin plumaje aún, únicamente tenía los poros por los que vendrían luego las plumas.
Entonces recordó todo aquel pasado que desconocía, la ahora madre primeriza renegó de Dios cuando descubrió todo aquello a lo que el señor hacía caso omiso y fue desestimada del cielo. Le cortaron las alas y la tiraron a la Tierra.
Ella fue corriendo a un vidrio y se rasgó la carne de la espalda así como pudo, y entre su carne sangrando, pudo ver como nacían unas nuevas plumas... Hizo por sacarlas con un poco de esfuerzo y allá salieron las dos preciosas alas, mucho más grandes que las que tenía anteriormente.
Su propiedad de ángel había vuelto a nacer.
Bajó al pueblo con su bebé y les mostró a todos entre lágrimas su pobre juicio, y en aquel sentimiento común de asombro y arrepentimiento, se reveló el perdón de la pequeña familia de ángeles, convirtiéndose en polvo y plumas allí mismo.
