lunes, 17 de enero de 2011


Para él, [sólo] existían [dos] tipos de [mujeres]


Su esposa ...

...Y todas las demás

Ancel

Durante sus próximos cuatro años, siguió esperándola tocando, rompiendo el violín con su propia humedad, a que aquella mujer cuyo nombre desconocía apareciera. Un día lo hizo, no sé bien porqué, ni Ancel ni aquella mujer lo sabían, pero lo hizo. No como él esperaba ni había soñado tantísimas veces despierto: Pasó con un lustroso carro, encerrada en él con un orondo hombre de espesa barba y curtidos trajes.

Entre el pánico de la resurrección de su corazón, quiso gritar pero, ¿qué? ¿Qué iba a gritar? Gritó mujer... gritó mujer mientras corría para pararse en el mismo lado del río después.

Cayó, cayó al suelo con un extraño cansancio, con una mala respiración y un vago control de sus latidos. No le importaban tampoco, cierto es que muchas veces pensó en suicidarse, pero no iba a dejar al aire la posibilidad minúscula de que la mujer pudiese volver arrepentida.

Se arrastró hasta la fuente, algo iba mal, más mal de lo que le iba y que nunca pudo imaginar. De repente, su pulso se aceleró sin control en cuanto se puso a pensar en todo el pasado que ahora recordaba en diapositivas. Se empapó en sudor, los latidos seguían creciendo y ahora se notaba el corazón en la piel, golpeaba con el sístole cada medio segundo, rompiendo las costillas, los músculos y la piel. En cuestión de segundos, las puñaladas fueron mayores y lo dejaron sin sangre, sin aire y sin razón para vivir. Y allí paró todo, su reino, su música, su fuente, su vida y su dolor.

J.alone


Desde el momento en que nació, no entendió el mundo, como cualquier otro bebé. La diferencia de Jack, se encuentra en que, transcurrido el tiempo, tampoco consiguió acostumbrarse.
Y si le consigues encontrar y le preguntas, todavía pensará que el extraño eres tú, por hacer de tu vida normal con todo el terror que hay si te asomas por la ventana.

Cuando era joven, decidió hacerse una burbuja de jabón enorme, que le protegiese del resto del mundo, y él continúa flotando por ahí sin ningún problema.
Yo creo que se siente solo, pero no por que nadie le haga compañía en su viaje, sino porque nadie le entendió nunca.

Corazón de dragón.


Y el dragón, para poder conseguir llegar al cielo de los dragones y no desaparecer como el polvo en el momento de su muerte, le entregó medio de su corazón a un hombre que andaba desfalleciendo.
Este hombre vivió, y no supo agradecer su regalo. Tal fue el malentendido, que su futuro lo dedicó a reinar como un tirano que no atendía su pueblo, fue un asesino, un ladrón y una mala persona.

Pero sólo hasta que el pueblo se reveló, y con la ayuda del dragón intentaron vengarle, sin embargo, algo ocurrió. Aquel hombre no podía morir, mientras su corazón completo no parase sus latidos. Necesitaba parar completamente su corazón.
En ese instante, el dragón separó sus escamas, esperando un filo que le abriese paso hacia el cielo de los dragones, donde honraría sus antepasados y protegería a las venideras generaciones. El dragón fue libre, y el tirano condenado, por no apreciar esa segunda oportunidad que alguien, le había regalado.

martes, 11 de enero de 2011

Barajando amor


Saara era muy pequeña, tenía como 6 años cuando aprendió una cosa muy interesante: Tenía alguien esperándola para quererla.
Su abuela Gripa le explicó que los enamorados se envían cartas, y cuando alguien te quiere y no se atreve a presentarse ante ti, lo que puede hacer es enviarte una carta de amor. A Saara le hizo mucha ilusión esa idea y esperaba encontrar algún día que alguien le enviara una carta de amor con muy buena letra y un dibujo pequeñito. Crearían un juego de pistas y se encontrarían alguna vez en persona, incondicionalmente enamorados, preparados para vivir siempre juntos.

Una vez, ella aburrida en casa, le preguntó a su abuela Gripa que qué podía hacer, ya que estaba muy aburrida, ella le dijo que cogiese la baraja española y ella le enseñaría a jugar a algún juego. Saara aceptó, le explicó el juego y como muy niña lista que es, lo entendió en seguida. Justo en la repartición de cartas a ella le tocó un rey, con un corazón enorme, junto con cuatro caballos más en las otras cartas. Saara se emocionó muchísimo y se lo enseñó enseguida a su abuela:

- ¡Mira, abuela Gripa! ¡Mira que me ha tocado!
- Jajaja, pero hija mía, no me enseñes tus cartas o te ganaré...
- ¡No, no! Ha llegado mi carta de amor ¡Mira!

La abuela Gripa asintió y le dio su enhorabuena. muy orgullosa de Saara.
La niña, a partir de ese momento esperaría a que la viniese a buscar su enamorado rey, en una carroza con sus cuatro caballos, justo como decía en su carta.

...Y por ello, desecharía a cualquier hombre que no fuese el idóneo que se declaró cuando ella tenía seis años. Hasta entonces Saara le esperaría, así pasasen 100 años.

lunes, 10 de enero de 2011

Enseñar mentiras


Hace algún tiempo, en el consejo del colegio se habló de un niño que desapareció, y no se supo nunca porqué ni nunca más se le volvió a encontrar, así como tampoco se volvió a mencionar nada de su madre. Ella también había desaparecido del mapa. De su padre simplemente nunca se le oyó nombrar nada, porque no había formado parte de las vidas ni de la madre ni de Brem, el niño desaparecido.
Pues aunque no se lo vaya a contar a nadie, yo sí sé lo que pasó, porque siempre que me voy al trabajo, dejo a mi canario salir de la jaula y se va por el pueblo a visitar casas y cosas; luego él me las cuenta, claro.
Prii es un canario muy listo, aprendió a hablar persona la primera semana que llegó a casa, cuando todavía era un pajarito y sólo conserva del canario, su nombre.
Bueno, Prii me dijo que Brem y su mamá siempre estaban muy unidos en todo y que se contaban absolutamente todas las cosas en los 7 años de vida que él había compartido con su madre, pero que un día, su mamá le contó que había dicho una mentira a una vecina.
Esta mentira decía que no había podido asistir a una reunión por motivos familiares, pero realmente a Brem le dijo que era porque se le había olvidado comprar un presente comestible protocolario. Brem se enfadó mucho porque se iba a quedar sin ver a su amigo Paul, y se enfadó tanto tanto... que quiso que a su mamá le desapareciera la boca.
Al día siguiente, su mamá no podía hablar, porque se le habían caído los labios al suelo, y lo único que tenía era un agujero muy oscuro en la piel. Al pasar unos días, la correspondiente fisiología del cuerpo se adaptó a su nuevo cambio, y la nariz se le escondió para equilibrar el peso de esta, donde, por lo tanto, ahora solo quedaban otros dos agujeros negros.
Brem se asustó al principio al ver el cambio de su mamá, pero pensó que así aprendería, como ella decía muchas veces... Pero no fue así

Pasado un tiempo, Brem le preguntó a su mamá por su papá, y ella le dijo que hacía mucho tiempo que no le había visto y que se había portado muy mal con ellos. Pero un día que se puso a buscar, encontró unas cartas, unas fotos y unos regalos diciendo que echaba mucho de menos a Brem, pero que no podía ir porque tenía que seguir pescando en Alaska para poder mantener a su nueva familia de mujer e hijos esquimales, y que por eso no podía bajar a verles. Cuando Brem descubrió esto, se enfadó con su papá, pero mucho más con su mamá, y se enfado tanto que quiso que le desaparecieran los ojos, y que su piel se volviese blanca para saber cuando estaba mintiendo de nuevo.

Al día siguiente, su mamá, además de tener agujeros en la nariz y en la boca, tenía dos agujeros negros en los ojos, y su piel ya no era como la de una persona, sino blanca, como la de una pared de yeso.
Brem le pidió perdón a su mamá, y ella lloró y también pidió perdón por su comportamiento, asegurando que nunca lo volvería a hacer...


Brem siguió feliz con su mamá, que se había modificado por dentro y por fuera por un año entero,y la había aprendido a querer de una forma nueva y mucho más intensa, porque se había convertido en algo incondicional.
En una de esas tardes de juego, le pidió a su mamá saber cosas sobre papá, que le enseñara fotos y esas cosas... La mamá de Brem le contó la verdad, y le dijo que él también era un niño esquimal, pero que como ella le quería mucho y ya no iba a estar más con su papá, no quiso quedarse sola, y se llevó a Brem consigo.

A Brem le volvió a nacer todo ese enfado, pero no quería, porque siempre que se enfadaba le pasaban cosas malas... Aunque no lo pudo evitar, además de enfadarse de nuevo, le resurgieron los anteriores enfados y le entraron ganas de no ser más el hijo de su mamá.
Al día siguiente a la mamá se le había caído el ombligo y tenía otro agujero, por lo que ella nunca había sido su mamá y Brem nunca había existido.

domingo, 9 de enero de 2011

Gobierno alterado, física alterada.


Existía un reino, muy lejos de aquí, en espacio y en tiempo, donde la soberanía gobernaba sobre todas las cosas, incluso les decían a quien tenían que querer, por el bien del reino:

Las macetas se tenían que casar con la tierra, para tener semillas; las tostadoras con el pan; los zapatos con los calcetines; los relojes con el tiempo; las puertas con los picaportes... Y todos estaban muy enfadados con esta tiranía, porque nadie podía hacer lo que quería.

Llegó entonces, una nube.
Una nube que llovió por encima de todos, rompió algunos cacharros, pero sobretodo, les enseñó a los habitantes, que todos podían mojarse igual, y que allí nadie mandaba sobre los otros.
Desde ese momento, nadie le hizo caso a las leyes dictatoriales del reino y empezaron a quererse entre todos, creando así, tostadoras que daban la hora, y macetas de las que crecían zapatos.

Canal de chat, no por ello frívolo.


Lunna llegaba como cada noche a su apartamento de alquiler, cansada de tanto estudiar. Sólo hacía que pensar en créditos, becas, notas, apuntes, solicitudes, facturas, trabajos, madrugones, estudios… Hasta que llegaba a su casa, donde una vez acomodada y lejos de sus libros, se sumergía en un chat, para hablar con Domen.

Apenas hacía dos semanas que había aparecido en su vida, y significaba para ella más que cualquier otro acontecimiento. Era como un diario que le contestaba siempre con buenas palabras. Domen era un chico español que como ella, estudiaba, únicamente mantenía la diferencia nacional ya que residía en UK.

Él era un compañero que vivía dentro de su portátil, esperándola, el único que le dedicaba una especial atención aparte de su gato Munuk, muy pardo y muy amarillo.

Su día a día estaba lleno de una sensación horrible. Todo giraba alrededor de una pérdida de tiempo. Lunna pensaba en cómo estaba gastando su vida, si era bueno prestar tanta dedicación a la docencia y por qué no tenía un novio ya.

Los fines de semana se los pasaba si no en su casa, con alguna de sus amigas de serie B, yendo de caza por las discotecas.

Ese viernes, un viernes de octubre tan simple como todos, se conectó.

Allí estaba Domen:

D: Buenas noches mi Luna.

L: Hola Domen…

D: ¿Cómo anda mi universitaria?

L: He… Cansada, ya sabes. Con una taza de melancolía en la mano.

D: Cuanto lamento no estar contigo una vez más.

L: Estás más que nadie, lo sabes.

D: No más que ese mini tigre.

L: Ya te gustaría estar en su lugar…

D: Como lo sabes de bien Lunna.

L: ¿Qué hiciste hoy, Domen?

D: Esperarte.

L: Oh, vamos… Necesito un poco de conversación.

D: Luna, es cierto. Últimamente nada tiene sentido fuera de aquí. La semana anterior sólo quería llegar a casa y leer tu escepticismo, y esta aún ha sido peor. Eres como una congestión de primavera: No dejas que mi vida fluya, la obstruyes con tu encanto. Necesitaba releer tus conversaciones… Espero que no pienses que soy nada raro.

L: Yo debería ser la rara, siendo una enfermedad que selecciona sus víctimas.

D: Esto está siendo insoportable.

L: ¿Qué quieres decir? ¿Que deberíamos dejar de contactar?

D: Que deberíamos vernos.

Lunna se sintió la más feliz del universo. No pudo evitar levantarse de la silla y pegar una vuelta por su piso de parqué, correteando para volver a ver si lo que le había dicho Domen era cierto. Parecía una niña pequeña, pero era lo único que le recordaba ser feliz realmente.

D: ¿Estas ahí Lunna mía?

L: Sí, sí… Sólo que no me esperaba esto. Aunque lo deseaba más que nada.

El resto de la noche, hasta bien entrada, estuvieron hablando de posibles fechas, lugares, qué podrían hacer, etc.

Tenía que ser todo perfecto.

Él vendría a verla en navidad, tres días. Dormiría en el sofá, ya que Domen insistió en ello.

Ambos estaban emocionados, vivían sus días preparando todo tipo de acontecimientos, contando los días, compartiendo la ansiedad de la cuenta atrás. ¿Cómo podían tenerse tanta efusividad?

- 1 de Diciembre –

Sólo quedan 24 días para que llegue Domen. No tengo ni idea de cómo será en realidad, respecto a sus fotografías. Dicen que siempre cambia un poco. No sé… Me preocupa lo que pueda pensar de mí, cómo va a salir todo, si se retrasará, si realmente no aparecerá, si podría ser un asesino en serie con delirios, o el príncipe azul que iba a raptarme…

- 1 de Diciembre –

Domen por su parte necesitaba algo verdaderamente especial para impresionarla. No era mucha cosa, simplemente era normal desde su punto de vista, y quería que ella le recordara para siempre pues no sabía cuando volverían a verse.

La semana había pasado muy rápida, ya solo quedaban dos escasas semanas para el viernes 25, “todo va a salir bien” quería convencerse Lunna.

Todo el camino de vuelta a casa lo pasó pensando en qué ropa escoger para esos tres días.

Necesitaría un vestido, ropa elegante, un pijama nuevo quizá…

Esa tarde fue de compras, se le antojó verse bonita, para ella y para Domen.

Compró cuatro conjuntos, en especial uno le había robado el juicio, puesto que era precioso. Quizá demasiado elegante para ella, pero no para él, así que en un auge de ilusión incontrolable lo compró.

De camino, por el centro comercial pasó por una lencería.

Se le cayeron todas las bolsas al suelo con un solo pensamiento. No se le había ocurrido pensar en qué podría pasar, después de todo, eran dos personas con instinto que se deseaban, no tenía porqué haber ningún problema. El caso es que ¿Por qué no habían hablado del tema? Pensó en algún tipo de problema para él que le impidiese… Bueno, hoy se lo comentaría si se diese la ocasión, se dijo a si misma. Todavía tendría dos semanas para comprarlo si lo creyese oportuno.

Al llegar a casa y conectarse, ella con unos pequeños tics de ansiedad, hizo un camino con sus compras, su abrigo, sus zapatos y bolso hacia el ordenador, dejándolo todo por el suelo.

Se tranquilizó al conectarse y no pasando ni tres segundos Domen estaba ahí para ella, completamente:

D: ¿Te gustan las sorpresas?

L: Por lo general suelen ser malas sorpresas, así que no.

D: Vaya. Yo creo que podría cambiar eso.

L: Si estas hablando de regalarme algo, olvídalo. No deberías gastar en alguien que vive en tu ordenador.

D: Yo lo considero, una inversión para quien considero a la vez, mi enfermedad y mi fármaco, siempre de primavera.

L: Pero es otoño. Así que nada de inversiones.

D: Eres más adorable que cualquier sobrina malcriada, ¿Lo sabías?

L: Por supuesto, ¿Te apetece repasar el plan de nuevo?

D: ¿Cómo no?: Llegaré después comer, iremos a tu casa a descansar; saldremos a cenar, un poco de fiesta; y un pleno descanso.

L: Al día siguiente iremos a la albufera, donde podremos ir en barca, comer en picnic, pasear en bici y disfrutar un poco del campo.

D: El buen tiempo te pondrá de buen humor.

L: Tu me pones de buen humor.

D: Después cenaremos en tu casa y dejaremos que el tiempo se nos coma.

Era el momento, sus dedos no correspondían con su cerebro, y su corazón latía más de lo debido, pero era el momento perfecto.

L:¿ Has pensado que podría pasar luego?

Rosa y marga.Melodía de plantas


Rosa vivía en un piso del centro, con su mamá. Iba a cuarto de primaria en un colegio británico. Tenía el pelo rizado y más amarillo que rubio. Las tardes libres, o sea, cuando no tocaba la viola, se iba a jugar a la plaza de detrás, la de la fuente con forma de pez.
Uno de esos días en los que su mamá la llevó a la plaza, ella se paró delante de un matorral, porque escuchó unos gritos agudos, que venían de unas hormigas que se estaban llevando un pétalo de una flor, de una margarita. Ella se asustó, le robó el pétalo a las hormigas malignas y se lo devolvió:

- Toma Margarita, tu pétalo- le dijo sonriendo.
- Gracias, se me cayó un momento ¡Y se lo llevaron corriendo!- le dijo aflijida.
- De nada.
- ¿Cómo te llamas?- preguntó Margarita.
- Me llamo Rosa.
- ¿Rosa? Pero si no eres una flor, ¿porqué te llamas como una flor?- dijo extrañada.
- Pues no lo sé, porque son bonitas.
- Las margaritas son más bonitas.
- Sí, es verdad. ¿Vamos a jugar? - sugirió Rosa.

Margarita y Rosa se pasaron toda la tarde jugando, se divirtieron mucho y descubrieron que tenían muchas cosas en común, porque a las dos les gustaba mucho jugar con el barro, con el agua, odiaban los bichos... En fin, una gran amistad en cuestión de una tarde, había como una especie de magia.
Cuando la mamá de Rosa se fue para llevarla a casa, Rosa no quería despedirse de Margarita, así que le preguntó si quería irse con ella.

- ¿Quieres venir a jugar a mi casa, Margarita?
- ¡Vale! Seguro que allí no hay tantos perros.

Rosa cogió a la flor y se la llevó en brazos hasta casa. A medio camino, a Margarita le entró sueño, y no quería irse a dormir antes de darle un regalo a su amiga Rosa.

-Toma Rosa, por haberme ayudado antes. - Margarita le había regalado uno de sus pétalos.
- ¡Qué bonito! Muchas gracias, me encanta.- Rosa se lo guardó en la mano muy fuerte todo el tiempo.
Cuando llegaron a casa, Margarita había cerrado sus pétalos y se había quedado dormida. Por mucho que Rosa la llamaba ella no se despertaba, y estaba algo desconcertada, no sabía porqué Margarita no le hacía caso, ni porqué ya no estaba tan bonita. Pero no pasa nada, supuso que estaba cansada y que al día siguiente jugarían de nuevo. Como amiga que era, la iba a esperar.
Se quedó a su lado esperando a que Margarita se despertase, con el pétalo en la mano muy custodiado.

Al día siguiente, cuando la mamá de Rosa entró a despertarla, en vez de encontrar a su hija, sólo vio a dos flores abrazadas, una margarita y una rosa.