En uno de esos juegos, llegaron demasiado lejos, y entre empujones al final de la pasarela, Teotl cayó a ese agua hechizada. Como os podéis imaginar, Teotl desapareció en un segundo, igual que la rata, pero esta vez, el humo turquesa en el que se convirtió el cuerpo, no desapareció, sino que fue con una dirección firme hacia un lado de la pared, la cual atravesó y en otro rápido segundo, apareció una imagen nueva en la pared. Teotl, su espíritu, o lo que quedara de él, estaba atrapado en la pared, quien sabe si para siempre. Yuma tardó unos segundos en reaccionar, todo había pasado demasiado rápido y en ningún momento él había querido llegar más lejos que de asustarle un poco.
En seguida pensó en ir a por piedras y tirarlas hacia la nueva imagen; de ir a la ciudad y contárselo a todos; o de sólo contárselo a alguien poderoso, un chaman quizá... Un chaman, Yalitza ¡Su madre! Era un buen y mal plan a la vez, quizá ella tendría la solución a este desastre pero ¿Cómo decirle que tenía que salvar a su propio hijo y que era culpa de Yuma?
Pronto se arreglaron sus dudas. Aún cuando el pequeño seguía mirando la imagen para pensar qué hacer, detrás de él se empezó a formar mediante ese conocido ya, humo turquesa, una forma reconocible: Yalitza. La poderosa chamana se acababa de materializar dentro del templo, lo que significaba que conocía ese lugar, y que sabía perfectamente todo lo que estaba pasando. La formación de Yalitza no tardó en terminar, y gracias a la luz del agua, su poder se reflejaba en todas sus brillantes plumas, sus joyas pesadas, su maquillaje enigmático. Su mirada era hiriente, su mandíbula forzada, sus puños apretados, casi sangrando de la fuerza de sus duras uñas clavándose en las palmas de las manos.
Yuma sólo quería explicarse, pero el miedo no le dejaba, y para qué, si la cara de Yalitza lo decía todo. Yuma esperaba su castigo, seguramente le arrojaría directamente al agua, o quizá desmembrado y por partes, pero desde luego, era su final. Un juego de críos había llegado demasiado lejos para una madre.
- ¿Qué hacíais aquí? - Dijo Yalizta, con un tono de destrucción
- Jugar, madre de Teotl. Hemos cuidado muy bien del templo - Yalitza se crispó al oír el nombre de su hijo
- ¿Eso quieres? ¿Cuidar del templo? Espléndido. - Fue una de las últimas cosas que dijo
Yalitza puso los ojos en blanco, también se volvieron turquesa, la chamana estaba irrigada de poder, todo un halo de humo la perfilaba. Con los brazos abiertos, la barbilla alzada, señaló una piedra del suelo, con un dibujo en concreto.
Yuma fue hacia donde la desolada madre le indicaba. Una vez posicionado en la piedra, ésta se iluminó de nuevo, en un color turquesa. el dibujo cobró sentido con la iluminación, era una puerta. Acto seguido se iluminó la siguiente piedra, Yalitza seguía en la misma posición, así que Yuma sintió que debía seguir las piedras que se iban iluminando con su avance. Cada una tenía un dibujo distinto, el poder de la habitación iba aumentando, se notaba un aire fuerte de impaciencia. Doce piedras más tarde, Yuma simplemente se desplomó en el suelo, quedando en posición fetal. Poco a poco comenzó a desintegrarse y transformarse en el conocido humo turquesa y permanecer en la pared para siempre. Sin embargo, su corazón nunca dejaría de latir, a diferencia de su amigo Teotl. Este era el castigo que Yalitza impuso al pequeño, cuidar siempre del templo, acompañar siempre a su hijo perdido y a todas las historias que ahora tendría tiempo de conocer dentro de la pirámide.
Yalitza salió del templo, dibujó una especie de círculo a modo de despedida, e hizo revelar la tapadera del verdadero significado del templo. Ahora sí era posible ver todas las tumbas, sus sacrificios y ofrendas adjuntos. La desaparición de Yuma y Teotl escapó a la responsabilidad de Yalitza.
