miércoles, 21 de agosto de 2013


     Han sido muchos años de traqueteo persiguiendo un sueño, incluso en los momentos de flaqueza, incluso en los más duros, mi pertinaz decisión desbancaba cualquier dificultad y me hacía seguir. 
He llegado a unos niveles de confusión y estrés que me han puesto al límite, sinceramente. Recuerdo un día en pleno Moscow, después de trabajar 14 horas, que intenté llegar a la habitación del hotel, la 410, pero al introducir la tarjeta la puerta no se me abría y yo pensando ¿Justo ahora? No tenia ningunas ganas de puertas bloqueadas que me hicieran bajar a recepción y que un somnoliento ruso con un dudoso español hiciese de mala gana, lo que al fin y al cabo es, su trabajo. La cuestión es que insinstiendo con la dichosísima tarjeta, la puerta se separó de la pared y de dentro de la 410, que era la habitación de mi anterior hotel, salió un altísimo vikingo reencarnado con pinta de broker y ojos rojizos ahogados en vodka. Para cuando me quise dar cuenta eran las 6 de la mañana y yo no estaba ni en mi cama, ni tenía mi ropa, seguramente llegué tarde a trabajar. Por si os lo preguntáis, sí, estaba casado.

         Ahora que mi viaje ha terminado, la verdad es que me encanta bajar a comprar el pan, entrar por la puerta de siempre, subir las escaleras de siempre, encontrarme la misma puerta y dormir en la misma cama. Lo que más me gusta ahora mismo, es coger cualquier vestido, unas sandalias sin tacón, lo justo de rimmel, arreglarme el pelo en el espejo de la entrada de cualquier manera, coger mis llaves y salir a comprar el pan...


...y no me gustaría tanto, sino hubiera vivido todo lo contrario.

lunes, 15 de abril de 2013

Cris y Candy

Siempre habíamos sido amigas, hasta que apareció en su vida ese chico tan raro: Serio, tímido, algo borde y con unas ojeras importantes, pero con un inquietante buen fondo que le asomaba por detrás de la oreja. Tengo que decir que esta última conclusión la saco de sus preciosos ojos verdes, de los cuales manifiesto mi irrevocable debilidad.

En fin, la cosa es que Candy empezó a salir con ese chico poco después de que él cortara con su antigua novia, decía que ella le estaba ayudando a superarlo. Un clavo, vamos. Cuando le conocí un poco más, o sea, cuando llegó la hora de agregarle a Facebook, vi que sólo tenía cuatro fotos: Tres suyas bastante malas, y una cuarta de una chica rubia. Su ex, supongo. Pensé que no había borrado la foto porque era obvio que no se conectaba mucho. La chica tampoco me sonaba del pueblo, así que entré en su Facebook de rebote. No había nada nuevo desde hace dos meses ¿Como puedes tener una red social y no usarla? ¿En qué lugar te deja eso? porque ni eres un adicto a internet, ni eres de los supervivientes que aún viven en la caverna. Bueno, vi su ultima foto, bastante grotesca por cierto, estamos hablando de una foto suya con un letrero de Paint mal puesto que anunciaba su desaparición. Nadie sabía donde estaba, simplemente algo la había borrado de la Tierra. Yo, que siempre he sido un poco paranoiquita, en seguida pensé que había sido el cabrón ojosverdes del novio de Candy. Algo había hecho con esta chica, y ahora iría a por mi amiga.

...

Hablé con ella y no hacía más que reirse. La verdad es que pensaba que me llamaría desequilibrada o, loca por lo menos, pero precisamente parecía muy cómoda hablando de ello. La verdad es que han pasado dos semanas desde mi ocurrencia y está todo bien, a mi amiga no le ha pasado nada, sólo que ellos han terminado por romper. Candy dice que ha vuelto con su ex, que resulta que se había ido del país para empezar una vida juntos.  ¿Pero estamos locos o qué? Ni que viviéramos en un puto cuento. Yo, más Watson que nunca, me fui a casa de Candy para pedirle explicaciones, y ahí es cuando me llevé la ostia de mi vida: Candy estaba dormida en el sofá con (Si te lo preguntas, sí, tengo llaves de su casa, igual que ella de la mía), con un cubata de granadina o algo así y al lado dos cabezas perfectamente decapitadas, la de su ex y la de la ex de éste. Casi me desmayo allí mismo, suerte que no, o seguro que hubiera terminado por hacerles compañía.
Bueno, no se qué cojones hago aquí pero me largo, dije.

— Hola Cris, ¿Quieres tomar algo? — Tía no se que mierda es esto pero estas muy rayada, me voy — Espera Cris, no están muertos, boba. Quédate un poco.

¿Pero estamos locos o qué?

...



Y allí se quedó, sentada en su sofá, bebiendo de su cubata de granadina y vodka blanco de marca barata en una copa de cristal malucho en plan martini, eso sí, con un par de dientes dentro de la copa para darle ese toque especial que ella andaba buscando.

En un primer momento no vi lo de los dientes, pero desde que estoy al lado de su sofá, veo como cada día me los va quitando.