
Saara era muy pequeña, tenía como 6 años cuando aprendió una cosa muy interesante: Tenía alguien esperándola para quererla.
Su abuela Gripa le explicó que los enamorados se envían cartas, y cuando alguien te quiere y no se atreve a presentarse ante ti, lo que puede hacer es enviarte una carta de amor. A Saara le hizo mucha ilusión esa idea y esperaba encontrar algún día que alguien le enviara una carta de amor con muy buena letra y un dibujo pequeñito. Crearían un juego de pistas y se encontrarían alguna vez en persona, incondicionalmente enamorados, preparados para vivir siempre juntos.
Una vez, ella aburrida en casa, le preguntó a su abuela Gripa que qué podía hacer, ya que estaba muy aburrida, ella le dijo que cogiese la baraja española y ella le enseñaría a jugar a algún juego. Saara aceptó, le explicó el juego y como muy niña lista que es, lo entendió en seguida. Justo en la repartición de cartas a ella le tocó un rey, con un corazón enorme, junto con cuatro caballos más en las otras cartas. Saara se emocionó muchísimo y se lo enseñó enseguida a su abuela:
- ¡Mira, abuela Gripa! ¡Mira que me ha tocado!
- Jajaja, pero hija mía, no me enseñes tus cartas o te ganaré...
- ¡No, no! Ha llegado mi carta de amor ¡Mira!
La abuela Gripa asintió y le dio su enhorabuena. muy orgullosa de Saara.
La niña, a partir de ese momento esperaría a que la viniese a buscar su enamorado rey, en una carroza con sus cuatro caballos, justo como decía en su carta.
...Y por ello, desecharía a cualquier hombre que no fuese el idóneo que se declaró cuando ella tenía seis años. Hasta entonces Saara le esperaría, así pasasen 100 años.
Que bonita historia.Me encanta que creas en las cartas de amor...ya casi nadie cree
ResponderEliminarBesitos
Me encanta el romanticismo de las cartas de amor... pero lo pasará mal si espera toda su vida al rey y a sus cuatro caballos, igual que todas las que esperan a su príncipe azul perfecto...
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