domingo, 9 de enero de 2011

Rosa y marga.Melodía de plantas


Rosa vivía en un piso del centro, con su mamá. Iba a cuarto de primaria en un colegio británico. Tenía el pelo rizado y más amarillo que rubio. Las tardes libres, o sea, cuando no tocaba la viola, se iba a jugar a la plaza de detrás, la de la fuente con forma de pez.
Uno de esos días en los que su mamá la llevó a la plaza, ella se paró delante de un matorral, porque escuchó unos gritos agudos, que venían de unas hormigas que se estaban llevando un pétalo de una flor, de una margarita. Ella se asustó, le robó el pétalo a las hormigas malignas y se lo devolvió:

- Toma Margarita, tu pétalo- le dijo sonriendo.
- Gracias, se me cayó un momento ¡Y se lo llevaron corriendo!- le dijo aflijida.
- De nada.
- ¿Cómo te llamas?- preguntó Margarita.
- Me llamo Rosa.
- ¿Rosa? Pero si no eres una flor, ¿porqué te llamas como una flor?- dijo extrañada.
- Pues no lo sé, porque son bonitas.
- Las margaritas son más bonitas.
- Sí, es verdad. ¿Vamos a jugar? - sugirió Rosa.

Margarita y Rosa se pasaron toda la tarde jugando, se divirtieron mucho y descubrieron que tenían muchas cosas en común, porque a las dos les gustaba mucho jugar con el barro, con el agua, odiaban los bichos... En fin, una gran amistad en cuestión de una tarde, había como una especie de magia.
Cuando la mamá de Rosa se fue para llevarla a casa, Rosa no quería despedirse de Margarita, así que le preguntó si quería irse con ella.

- ¿Quieres venir a jugar a mi casa, Margarita?
- ¡Vale! Seguro que allí no hay tantos perros.

Rosa cogió a la flor y se la llevó en brazos hasta casa. A medio camino, a Margarita le entró sueño, y no quería irse a dormir antes de darle un regalo a su amiga Rosa.

-Toma Rosa, por haberme ayudado antes. - Margarita le había regalado uno de sus pétalos.
- ¡Qué bonito! Muchas gracias, me encanta.- Rosa se lo guardó en la mano muy fuerte todo el tiempo.
Cuando llegaron a casa, Margarita había cerrado sus pétalos y se había quedado dormida. Por mucho que Rosa la llamaba ella no se despertaba, y estaba algo desconcertada, no sabía porqué Margarita no le hacía caso, ni porqué ya no estaba tan bonita. Pero no pasa nada, supuso que estaba cansada y que al día siguiente jugarían de nuevo. Como amiga que era, la iba a esperar.
Se quedó a su lado esperando a que Margarita se despertase, con el pétalo en la mano muy custodiado.

Al día siguiente, cuando la mamá de Rosa entró a despertarla, en vez de encontrar a su hija, sólo vio a dos flores abrazadas, una margarita y una rosa.

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