
Y el dragón, para poder conseguir llegar al cielo de los dragones y no desaparecer como el polvo en el momento de su muerte, le entregó medio de su corazón a un hombre que andaba desfalleciendo.
Este hombre vivió, y no supo agradecer su regalo. Tal fue el malentendido, que su futuro lo dedicó a reinar como un tirano que no atendía su pueblo, fue un asesino, un ladrón y una mala persona.
Pero sólo hasta que el pueblo se reveló, y con la ayuda del dragón intentaron vengarle, sin embargo, algo ocurrió. Aquel hombre no podía morir, mientras su corazón completo no parase sus latidos. Necesitaba parar completamente su corazón.
En ese instante, el dragón separó sus escamas, esperando un filo que le abriese paso hacia el cielo de los dragones, donde honraría sus antepasados y protegería a las venideras generaciones. El dragón fue libre, y el tirano condenado, por no apreciar esa segunda oportunidad que alguien, le había regalado.
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